Alejandro Sanz de Santamaría
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School of Business

“Mientras no tomemos enserio la parte formativa de la educación en las instituciones, no vamos a salir de la violencia y la corrupción en la que estamos sumergidos”, dice Alejandro Sanz de Santamaría, ingeniero industrial, economista, profesor y convencido de que la educación no sólo es ‘enseñar’ conocimientos: su principal tarea es contribuir a la formación ética de cada estudiante. “En lo formativo es donde estamos fallando”, afirma.

Su primer contrato como profesor de medio tiempo de la Universidad de los Andes lo hizo en 1967 para enseñar en el Departamento de Ingeniería Industrial; paralelamente trabajó medio tiempo en una empresa privada.

Sus primeras experiencias de trabajo como ingeniero le permitieron descubrir que la ingeniería no era lo que le interesaba: que su interés estaba en la dimensión humana de las organizaciones. Durante varios años trabajó intensamente en promover el desarrollo humano individual que se requería en la organización, para que la calidad de las relaciones de trabajo entre las personas mejorara. Esta experiencia le permitió ver que detrás de las malas relaciones entre los trabajadores había problemas sociales estructurales muy profundos, y decidió hacer un doctorado en Desarrollo Económico, con énfasis en la perspectiva Marxista, en la Universidad de Massachusetts. Al terminar sus cursos del doctorado, en 1978, se vinculó de tiempo completo como profesor e investigador en la Facultad de Economía de la Universidad.

Las experiencias que tuvo durante cerca de diez años como economista, tanto en la investigación como en la docencia, lo desencantaron de la economía. En sus investigaciones sobre comunidades campesinas pudo constatar que los resultados obtenidos nunca contribuyeron a la solución de los problemas sociales y económicos investigados. Y en la docencia descubrió que en los procesos educativos institucionalizados se desatendía sistemáticamente lo que él llama ‘la dimensión formativa’ de la educación, que considera muchísimo más importante que ‘la dimensión cognoscitiva’.

La experiencia investigativa más importante y aleccionadora que tuvo fue el trabajo con un grupo de campesinos, quienes hicieron un proceso de paz con grupos  grupos al margen de la ley en el corregimiento La India, ubicado en el municipio de Cimitarra en el departamento de Santander. Esta experiencia le demostró el formidable potencial que puede tener una comunidad para resolver sus propios problemas. Lo convenció de que una condición necesaria para que las investigaciones sociales contribuyan efectivamente a resolver los problemas de una comunidad, es incorporarla como una verdadera co-investigadora. Esta experiencia le mostró los efectos sociales tan extraordinarios que esto puede conllevar: no sólo se van resolviendo los problemas objeto de la investigación, sino que en el camino se genera dentro de la comunidad un proceso educativo profundo y efectivo que promueve la dimensión formativa y cognoscitiva en los miembros de la comunidad y la verdadera solidaridad. El trabajo realizado por esta comunidad fue premiado en 1990 por una organización sueco-alemana llamada The Right Livelihood Award Foundation. Este premio se ha conocido durante años como el ‘Premio Nobel alternativo’.

Experiencias investigativas como esta, junto con las exploraciones que fue haciendo en el campo de la docencia, convirtieron la educación en su principal campo de investigación a partir de 1990.

Sanz de Santamaría resume los resultados de sus investigaciones diciendo: “creo que toda persona se educa, para bien o para mal, desde que nace hasta que muere. Es una educación que se da inevitablemente a través de todas y cada una de las relaciones que la persona establece con otros seres humanos y con la naturaleza. Mis investigaciones me han mostrado que dentro de todas estas relaciones hay tres que tienen particular importancia, sobre todo en la dimensión formativa del ser humano: las que establece con su padre y su madre en la vida familiar, las que establece con sus profesoras y profesores en el colegio y la universidad, y las que desarrolla más adelante con sus jefes y con sus inmediatos colaboradores en el trabajo. Pero creo que no tenemos aún una consciencia suficientemente clara y profunda de la trascendencia del impacto que estas relaciones cotidianas tienen en la formación de una persona”. Su opinión es que mientras los procesos educativos en estas tres relaciones sigan dejando de lado la dimensión formativa, la violencia y la corrupción persistirán.

Uno de los proyectos de investigación que más le ha enseñado sobre las fallas de la educación actual y cómo corregirlas se inició en el año 2006. Es un proyecto que se denomina Escuela Itinerante. Este proyecto se ha consolidad desde entonces y en la actualidad persiste: “cuando fui invitado por el Instituto de Educación en Valores Sathya Sai Baba a dictar unos módulos de cursos gratuitos para profesoras y profesores, comencé a entrar en un contacto muy estrecho con un grupo cada vez mayor de docentes de colegios públicos de Bogotá. En las primeras sesiones que tuve, varias profesoras me preguntaron si era posible seguir conversando informalmente para poder profundizar en la problemática educativa que les había planteado en los talleres. Estas reuniones informales fueron el comienzo del proyecto Escuela Itinerante. El número de profesores y profesoras que asistían crecía de una reunión a otra, y fueron generando un interés cada vez mayor en todos los que participábamos. Muy rápidamente comencé a darme cuenta de las transformaciones tan rápidas y profundas que este trabajo colectivo estaba produciendo en cada uno de nosotros y en cómo estas transformaciones se reflejaban inmediatamente en un mejoramiento progresivo de la calidad de las relaciones con nuestros estudiantes. El número de participantes creció muy rápidamente, lo que me llevó a solicitar autorización para hacer estas reuniones en la Universidad de los Andes”.

Escuela Itinerante se fue convirtiendo en una investigación colectiva, que contribuye a consolidar grupos de rectores y profesores de colegios públicos y privados que se comprometen cada día más con la tarea de realizar, cada uno, el trabajo necesario para mejorar continuamente su formación personal y la de cada uno de sus estudiantes. Para Sanz de Santamaría se trata de un espacio de conversación en el que los participantes (principalmente docentes, aunque también profesionales en otras áreas) descubren los efectos sanadores que tiene en ellos mismos trabajar en su propio desarrollo y crecimiento espiritual. “Yo no puedo describir exactamente qué es lo que hacemos semanalmente. No existe un ‘método’ ni una ‘fórmula’ que se pueda aplicar para desarrollar las relaciones de confianza que se han generado entre las personas que participamos en este proyecto. Esto no se puede transmitir como un ‘conocimiento’: sólo es posible descubrirlo en la práctica. Y uno de los resultados tangibles más importantes ha sido un conjunto de testimonios escritos por las/os participantes sobre las experiencias que comparten en las reuniones que hacemos. La lectura de estos testimonios es posiblemente el camino más eficaz para comprender la naturaleza del trabajo que hemos hecho y los efectos transformadores tan importantes que ha tenido en cada participante”.

Unos pocos de estos testimonios han sido publicados en unos cuadernillos denominados Boletines Testimoniales.

Una pequeña ilustración sobre las reflexiones que suscita la escritura de estos testimonios en las/os participantes es lo que escribió una maestra al final de un texto en el que hace un relato conmovedor sobre la experiencia que vivió con uno de sus estudiantes: “Espero que haber escrito esta experiencia me permita aprender cada vez más de mis maestros: los niños. Y que escribiendo estas experticias podamos realmente ser cada vez mejores docentes en el campo de los valores humanos”.

Para Sanz de Santamaría estos testimonios muestran que cuando se desarrolla un espacio en el que las personas pueden hablar con total libertad y sin ningún temor a ser juzgadas, se genera un efecto sanador tanto en quienes relatan sus testimonios como en quienes los escuchan. Por eso, ha utilizado este mismo recurso  en los talleres que dicta en programas como Desarrollo Gerencial y el Magister en Gerencia del Desarrollo que ofrece la Facultad de Administración, y en las clases que dicta para estudiantes sobre la problemática ética por invitación de profesores de Administración y de otras facultades como Ingeniería, Derecho, Biología y Medicina. Esto le ha permitido recoger gran cantidad de testimonios de estudiantes de pregrado y posgrado y de altos directivos de empresas. Estas experiencias han sido para él una fuente invaluable de grandes aprendizajes: “creo que debo tener más de mil testimonios que revelan con una claridad sorprendente los errores que estamos cometiendo en la manera en que nos relacionamos como padres y madres de familia con nuestros hijos/as, como profesoras/es con nuestras/os estudiantes, y como jefes con nuestras/os inmediatos colaboradores. Pero quizás lo más fascinante es que esos mismos testimonios dan luces clarísimas sobre los cambios que tenemos que poner en marcha para corregir esos errores”.

Sanz de Santamaría trabaja también con mujeres ejecutivas. Junto a María Consuelo Cárdenas, profesora de la Facultad de Administración, investiga sobre el papel de las mujeres en el mundo laboral, sus posiciones y las relaciones de género en las que se ven envueltas. Sobre el tema han realizado talleres sobre Conciencia Femenina y Liderazgo para mujeres interesadas en ello y para empresas que lo solicitan. Para él ha sido un trabajo muy revelador en muchos aspectos, pero especialmente para dimensionar el sufrimiento de la mujer trabajadora por las innumerables dificultades que tiene que enfrentar por el hecho de ser mujer en nuestro medio social.